El misterio de la orquídea negra.

 

«Las rocas son resbaladizas.»

Era la frase que se le repetía a la doctora Berta en sus sueños.

Una voz femenina y aguda, le gritaba desde algún punto dentro de un túnel lúgubre, atestado de niebla, mientras ella se encontraba al otro extremo del conducto sintiéndose paralizada. Nunca terminaba de completar la frase, y Berta, se quedaba con la impresión de que quería decirle algo más.

Cada noche avanzaba hacia la voz, asunto que comprendió con claridad dos semanas después que iniciaran aquellos sueños, al notar que comenzaba a escuchar la voz más fuerte y cercana.

En agosto de 1970 Berta había partido de su país natal, España, hacia la selva venezolana, enviada por un importante centro de investigación botánica. Como científica experimentada, con los recursos necesarios, se ofreció a ser quién documentara por primera vez estudios serios sobre el terreno y el medio ambiente en el cual crecía la exótica orquídea negra, además de observarla en su hábitat natural que era lo que más deseaba.

Se adentró en la selva camino a las montañas, acompañada de dos nativos de una comunidad indígena. Llevaban consigo lonas de plástico para pernoctar, una carga de alimentos no perecederos, medicinas para el paludismo, la diarrea y mordeduras de serpientes. De noche la temperatura descendía y los nítidos ruidos de la selva hacían que a Berta le temblaran las piernas, así que sacaba su libro ‘Viaje al centro de la Tierra’ de Julio Verne, y se perdía entre sus páginas para olvidar lo que había afuera.

A inicios de septiembre, encontraron a la hermosa y, enigmática flor, adosada entre unas rocas de montaña. La doctora estaba embelesada; se acercó como pudo y las olió efusivamente. Los nativos se miraban entre ellos con los ojos desorbitados, y uno meneaba la cabeza de un lado a otro.

A partir de esa noche comenzaron sus sueños.

Berta realizó muchos estudios de la orquídea negra: tallo, raíz, pétalos, terreno. Tomaba notas en sus cuadernos. Cada vez se convencía más que tan rara planta tenía que ocultar grandes beneficios para el ser humano.

Ya estaban por cumplirse las tres semanas de investigación, y en pocos días debían volver a la aldea.

Berta había llegado muy cerca de la voz, pero ahora quería devolverse y, huir de la mujer, pero era inútil. Se le atoraron las botas en el negro y brillante lodo, el cual antes ni siquiera estaba allí. El sudor le mojaba la frente, tenía las palpitaciones elevadas y algo de dificultad para respirar. Se cayó de rodillas, empapándose los pantalones. Empezó a arrastrarse hincando los codos e impulsándose hacia delante. Cuando logró zafarse corrió. La voz femenina, esta vez le dijo: «Las rocas son resbaladizas, y tus pies muy torpes». Berta se dio prisa, jadeando. Se encontró con una colina rocosa, trepó hasta lo alto, trastabilló y cayó.

Los nativos despertaron al escucharlos despavoridos gritos que provenían de un lugar cercano al campamento. Corrieron tras los chillidos, internándose en la oscuridad selvática. Unos minutos después la hallaron sin vida.

3 comments on “El misterio de la orquídea negra.”

  1. Increible como consigues mantener en pocas líneas tensión, intriga, terror y aventura….
    Fabuloso Jhoanna!!!! besosssssssss!!!!

    1. Janna Bolriv dice:

      Gracias Toni 😀
      Me alegra que te guste !!
      Besossssssssssss

  2. Hernan jose Henriquez dice:

    Una vez fui al campo con unos amigos a pasar un fin de semana.
    Uno de ellos era mi primo que conocía la montaña, y nos llevo hasta
    un sitio donde crecía una planta morada de forma de campana, muy bonita la flor.
    Se empeñaron en tomar la flor cocinarla y beber el agua. Yo me negué a tomar esa agua.
    En la noche mi primo que había tomado de esa agua no podía dormir y, deambulaba por toda
    la casa hablando solo en la oscuridad. En el campo se apagaba la planta eléctrica, y mi primo
    alucinaba queriendo poner música, y hasta se vistió para ir a una fiesta. Trataba de dormir y se
    despertaba gritando- !!déjenme, déjenme no quiero escuchar esa voz!! Estaba intoxicado que
    por poco le cuesta la vida. ¿Abra coincidencia con tu relato? La flor existe y es una droga.

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