El paso oculto de Lincoln.

 

Amanda se tendió sobre el sillón de madera y encendió la TV en el noticiero matutino, y su abuelo Keller Water asía en su temblorosa mano derecha, una taza de vidrio con el te japonés ella le había traído de Tokio en su último viaje de negocios.

La periodista entrevistaba a un portavoz de la NASA quien comentaba los recientes cambios de temperatura que habían ocurrido en la Luna pero para terminar mencionó que en unas fotos tomadas por la sonda lunar revelaron la presencia de un sombrero de copa sobre la gris arena, cuestión que impresionaba a todos los científicos.

 

La taza se estrelló en la madera rojiza que cubría todo el piso de la casa donde él decidió pasar los últimos años de su vida.

−Dios Santo, por fin moriré en paz.

Amanda se encrespo girando hacia atrás para ver al anciano.

−¿Abuelo estás bien?–caminado hasta él para revisarlo.

–Sí querida, me encuentro mejor que nunca.

–Se ha roto la taza. Voy a limpiar esto.

Entrelazó sus manos y las posó sobre sus labios mirando la nada mientras sonreía. Amanda barrió los restos de la taza juntándolos en un montón y luego usó la pala para recoger hasta el último residuo.

−Estás pensativo abuelo ¿Es por la noticia? Ese científico no es nada serio con esos comentarios tan fantasiosos.−El abuelo se recostó en el espaldar del asiento.

−Me conoces bien Amanda, pero no son fantasías, ese sombrero de copa es la prueba que busqué desde joven cuando trabajaba como historiador.−Amanda se sorprendió. Haló una silla del comedor y se sentó frente a su abuelo para escucharlo.

El había trabajado como escritor e historiador de los sucesos ocurridos en el país durante el siglo XIX, pero con especial interés en la vida del decimosexto presidente de EEUU, Abraham Lincoln. Entre los datos que recogió hubo un fragmento de información en el diario del hijo primogénito de Lincoln, Robert Tood  Lincoln, en el cual afirmaba que su padre fue a la Luna en 1862 en un alocado intento por dar libertad a los esclavos. El dilema era ¿Cómo lo hizo? Entonces siguió investigando y lo descubrió.

Lincoln se despidió de su esposa Mary Tood y Robert, tomando su caballo a altas horas de la noche para encontrarse con la logia “Luz del Norte” conformada por negros rebeldes que afirmaban tener un as bajo la manga para lograr la libertad de su raza. La luna le bañaba el camino y su sombra lo seguía como si fuera de día. Llegó al amplio bosque, donde era esperado; 7 piedras planas estaban dispuestas formando un círculo y alrededor había 12 hombres con batas rojas. Incorporaron a Lincoln en el centro haciéndolo usar una bata blanca, permaneció con su sombrero de copa y su elegante traje negro. Iniciaron. El suelo del área del ritual tembló y Lincoln desapareció.

Sintió que todo giraba a su alrededor y en un instante estaba rodeado de un sinfín de estrellas. Se abstrajo ante aquel espectáculo incomparable pero recordó que debía moverse rápido ya que su oxígeno solo duraría 7 minutos.

Sus grandes botas y largas piernas pisaron aquella superficie polvorienta y pensó que debió vestirse más ligero, y la túnica era su protección. No debía quitársela. Oyó un silbido como venido de un profundo hoyo y luego volvió el silencio atemorizante.

Siguió las instrucciones, dio 50 pasos frente a él sin que la falta de gravedad le afectase, y allí agarró 10 piedras rojizas, las colocó en el saco negro que había traído para ello. Un remolino levantó polvo y se llevó su sobrero el cual quedó atascado en una zona rocosa, quiso ir por el pero miró su reloj de bolsillo, le quedaban 2 minutos. Corrió hasta una roca rectangular que estaba a 40 metros de él, era metalizada con brillos muy resplandecientes, tomó el polvo de la base de ella llenando el otro saco y cuando lo cerraba, empezó a buscar aire como un pez fuera del agua con los ojos desorbitados, apenas pudo pronunciar la palabra que lo devolvería a la Tierra:

‹‹Ordienme››.

Todo giró y respiró como un bebé acabando de nacer. Ya estaba de rodillas en el bosque.

−¿Has traído todo?−inquirió el sacerdote.

−Sí, pero perdí mi sombrero.

−Mal hiciste, y aunque abolirás la esclavitud de toda América morirás antes que el último esclavo sea libre.

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