Ese humano me cambió.

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«No puedo picarlo ¿Qué pasa conmigo?»

Llevó varios días haciéndome la misma pregunta, porque cada vez que voy picar a un humano no lo hago, es como si ya no quisiera picar. Y estoy convencida que ésto es por culpa de Daniele.

Me llamo Ada y soy una mosquito adolescente, ustedes saben ¿no? de esas que amamos las fiestas donde hay muchas venas de humanos visibles para picar. Y por supuesto soy mucho más linda que mis amigas aunque ellas no quieran admitirlo. En fin a donde quiero ir es al momento en que comenzó mi confusión.

Hace algunos días como de costumbre mis amigas y yo aprovechamos  para ir de fiesta. Las cuales siempre son una aventura, vivimos cada día al máximo porque literalmente podría ser el último. Los humanos nos odian y tratan de matarnos constantemente empleando diversas formas, a veces con sus pesadas manos o con lo primero que encuentren, como un pedazo de pizza o un calzoncillo, y otras arrojándonos sus apestosos insecticidas.

Aquel día hacía mucho calor y me acordé de un dicho popular entre los moquitos, que dice: «Mucho calor, mucho sudor y poca ropa». Además con calor los humanos son fáciles de ser detectados por nosotros. La fiesta prometía ser perfecta: «picar y picar hasta explotar», pero al verlo a él se evaporó mi emoción. Recuerdo perfectamente lo que pasó.

Nos posamos sobre una rama en un arbusto de la callé para observar a los humanos mientras pasaban de un lado a otro.

—Miren a aquel hombre, parece que tiene mucho dinero. Apuesto que su sangre es de alta calidad. Yo voy —dijo Pamy saboreándose y volando hacia él hombre.

—Oigan allá viene uno gordo y trae puestos pantalones cortos. Con tanto espacio libre podré ser feliz picando. Déjenmelo a mí — expresó Rosy mientras frotaba sus alas para luego irse apresurada.

Luego quedábamos Susy y yo. Pero ella miró a una señora vestida con una mini falda muy extravagante que hacía juego con sus tacones y cartera de Calvin Klein.

—Qué presumida aquella mujer. Se merece unas buenas picadas. Voy tras ella. — me dijo y se fue.

Estando yo sola pensé « ¿Y yo a quien voy a picar?, soy Ada la bella, me merezco a un chico guapo». Me quede allí esperando mientras más y más chicos transitaban; unos eran muy poco atléticos y otros muy bronceados, hasta que lo vi a él.

Resaltaba entre las demás personas, «Ese chico no es de por aquí», dije, tenía el cabello castaño y la piel extremadamente blanca. Rápidamente volé hacia él, me detuve en el aire, mi corazón latía fuerte mientras pensaba en lo lindo era.

—¿Qué te pasa Ada? eres un moquito y debes picar —. Me dijo una vocecita desde alguna parte de mi cabeza.

—Cállate, prefiero tomar jugo de tomate que picarlo —. Le contesté, dándome cuenta que ese humano me gustaba.

Mientras estaba aturdida por la vocecita y mis impulsos, un hombre mayor llamó al chico. Se llama Daniele me dije. Y comencé a gritarle: «Hola Daniele soy Ada. Soy Ada-a-a-a-a. No quiero picarte, quiero besarte…». Decía cosas alocadas.

Grité tanto como Taylor Swift en su canción “Style”, pero fue inútil, Daniele jamás se dio cuenta de mí presencia cerca de él.  Exhausta y con las alas caídas me aposté a reflexionar «Soy demasiado pequeña para que pueda escucharme. Es un amor imposible». Tampoco podía acercarme más a sus orejas ya que pensaría que iba a picarlo y enojándose me golpearía con las manos, así que desde ahora voy hasta esa calle y me quedo esperando en silencio para observar a mi Daniele, mientras en secreto sin dejar que mis amigas me vean, me tomo mi jugo de tomate.


Relato escrito por un muy querido amigo Italiano, a quién agradezco que aceptara compartirlo en este espacio.

6 comments on “Ese humano me cambió.”

    1. Gracias por pasar Verónica 😀

    1. Hola Verónica, qué honor!
      Muchas gracias 😀

  1. Iván dice:

    Muy amena historia.

    Qué encrucijada para la mosquito, eh?

    Buenas noches, Janna.

    ***

    1. Janna Bolriv dice:

      Jajaja! Me da gusto que te hayas entretenido 😛
      Feliz miércoles Iván..

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