Nebulus.

 

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Las botas de Lena traqueteaban el agua enlodada, y el eco chocaba a lo largo del antiguo túnel. Huía con la rapidez ganada en innumerables carreras de atletismo. Entre sus manos sostenía un arma larga, y en su espalda colgaba un morral con quince kilos de la mítica piedra Nebulus, extraída por ella y sus cinco compañeros de misión, que ahora no eran más que alimento de zombie.

Sin perder el equilibrio, se viró para silenciar con una ráfaga de balas el gruñido de un par de zombies mutantes que corrían feroces tras ella. Al llegar a la salida la luz solar le aporreó la vista; llevaba cinco días sin salir a la superficie. Sus ojos verdes resplandecían sobre su piel blanca, manchada por la arena, las limaduras y el lodo. No pensó en la fatiga, sino en sus acérrimas ganas de venganza.

A sesenta kilómetros se distinguía la ciudad envuelta por un remolino de polvo y humaredas. .

Subió en su camioneta, y cubrió su rubia melena con un pasamontañas. Dejó rugir el motor y piso a fondo el acelerador rumbo hacia la ciudad en la que estaría llegando al cabo de una hora.

En el refugio de los humanos sobrevivientes, un equipo de científicos y militares hacían las últimas pruebas al fenomenal cañón en el que colocarían las Nebulus. Cuando Lena arribó todos se aglomeraron a su alrededor con aplausos. Alguien le lanzó una botella de vino que ella atrapo firmemente con una mano: «Llegó la hora de retomar nuestro mundo. Brindemos por la caída de la zona ZM», las venas del cuello se le tensaban con cada palabra.

Un día después sus camionetas atravesaron la ciudad disparando al tropel de zombies que se les abalanzaban, agresivos, desde cualquier esquina o calle. Algunos eran arrollados y la carne mortecina se esparcía como una pasta sobre el asfalto y la carrocería de los vehículos. Este sería el último encuentro con los come cerebros, lo que hizo que Lena recordara el primero: ella tenía dieciséis y con un remo decapitó con precisión y temeridad a tres que irrumpieron en su casa. Pronto cazarlos se convirtió en otro de sus deportes favoritos.

Esta imagen pertenece a Callag .

A cien metros de la zona ZM Lena activó el cañón para el lanzamiento, al tiempo que los disparos de los militantes del ZM tintineaban sobre el metal de su Jeep. La edificación de hormigón constaba de cuatro áreas y un dantesco laboratorio en el que creaban el mayor ejercito de zombies mutantes adultos, cuya tarea era asolar al mundo, exterminar a la raza humana. No había contagio, todo era parte un diabólico plan para reducir la población mundial a una élite privilegiada.

Lena disparó el cañón y el veloz rayo la pulverizó por completo el área uno; su satisfacción era inexplicable. Luego de cinco detonaciones la zona ZM fue destruida hasta sus cimientos. La batalla humanos contra zombies culminó al amanecer. El amanecer más esperanzador que habían tenido en dos años.

2 comments on “Nebulus.”

  1. Una emocionante epopeya zombie en pocas frases. Te felicito nuevamente Jhoanna, ya sabes que tu manera de escribir hace que el lector se enganche a la historia desde la primera frase. Eres genial. Besosssss!!!!

    1. Janna Bolriv dice:

      Gracias Toni si supieras que es el primer relato sobre zombies que escribo 😀 y estaba como un porquitín dudosa de publicarlo pero prefiero recibir las críticas de mis lectores para mejorar !!!
      Besossssss!!!

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