EN MEDIO: El juego no apto para niños – Capítulo I

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CAPÍTULO I

 

Algunos afirman que huir es cosa de cobardes, pero lo dicen porque no han estado metidos en mi pellejo. Juzgar siempre es más fácil, y para la mayoría es tan natural como respirar. Así lo hicieron conmigo todos a los que les pedí ayuda, por lo que no me quedo de otra que: correr.

manejando

Conduje durante cinco días por la carretera del interminable desierto hacia la frontera, sin más compañía que unas botellas de agua. Al volante de un Mercedes Benz negro 2008 que robé antes de abandonar la ciudad donde crecí, y donde cometí el error de conocer a Allison.

 

 

La mañana de mi fuga, al último a quién recurrí fue a mi mejor amigo Chazz, quien tuvo la idea de robar el Mercedes Benz. Por él supe que me estaban buscando hasta con los perros cazadores. Pude imaginarme al Sheriff Hanson, en compañía de cuatro policías armados hasta los calzoncillos, con miradas temerarias y hambre de justicia.

Necesitaba pensar y entender porque no recordaba nada. Mi padre decía «Matthew si necesitas pensar, hazlo manejando», y eso fue lo que hice.

«Sí yo no maté a Allison, entonces ¿Quién lo hizo?» Esa era la pregunta que no encontraba respuesta en mi memoria.

El primer día grité con todo lo que mi caja torácica pudo, tirado sobre el capó del automóvil, sin sueño, mirando al negro horizonte.

Mi mente me repasaba la escena de la mañana en que empezó todo. Yo, despertando con el sol centelleando sobre mis pupilas, y a medio metro de mí, Allison. En una tiesa posición imposible de olvidar. Me senté para confirmar que lo que veía Alisson-mundo-relatosera real, mientras parpadeaba a la velocidad de la luz. De inmediato me arrastré hacia atrás sin quitar mis ojos de ella. Su sangre espesa y oscura había manchado la alfombra rosa, y el suelo blanco de su habitación. Cuando dejé de estar perplejo, boté aire con fuerza, tomé el teléfono pero escuché las sirenas de la policía, parecía que les subían el volumen con cada segundo. Entonces tuve miedo. Me coloqué la playera de los Rolling Stone que por alguna razón no la traía puesta como recordaba del día anterior. Corrí hacia la salida trasera de la casa, me resbalé y caí de rodillas, como pude llegué hasta la puerta pero para mi mayor trauma tenía el seguro pasado. Así que comencé a urgar en todos los objetos dispuestos en la cocina, por un segundo creí estar atrapado pero las llaves estaban colgadas a la derecha de la nevera sobre el cacho de una vaca de madera. Las tomé e inteté abrir y no daba con la correcta, sudaba como un gordo durante un juego de beisbol. Salí corriendo y de un salto cruce hasta el cercado de madera.

Pronto estaba en mi vecindario, cinco manzanas al sur de la casa de Allison. Ella siempre estuvo cerca de mí sin yo saberlo.

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Fui a la casa de mi vecino John Brandon. «Él me podrá ocultar hasta que mis padres regresan del viaje, y me consigan un abogado» pensé. Abrió luego que timbré tres veces y me invitó a pasar. Unas palabras después, sacó su escopeta y dijo «Vete ahora Matthew antes que deba usar ésta antigüedad contigo».

 

En mi último año en preparatoria, tuve que cambiarme a una nueva escuela. Una pública, gracias a mis padres. Allí conocí un grupo de cuatro chicos y tres chicas. De muy mala reputación. Se acercaron a mí el primer día, como si me estuviesen esperando. Fue entonces cuando la gente comenzó a tacharme de insurgente.

Primero me habló Peter, el líder. Su cabello escuela-mundo-relatoscayéndole constantemente sobre la cara me inspiró cierta desconfianza, era un imán para el sexo femenino y tenía predilección por las chaquetas de cuero. A un lado de él estaba Craiff. Un fortachón bastante pálido, quién debía tener más edad que nosotros, «Su puño debe ser pesado» intuí, cuando puso su mano en mi espada para darme la bienvenida. Los otros dos eran los gemelos Andrew y Ros, no muy altos, de piel morena, con los cabellos al estilo Will Smith en su película “en busca de la felicidad”, al principio me parecían agradables con sus risas constantes, pero cuando me convirtieron en el foco de sus burlas, los detesté.

Las tres chicas se abrieron paso entre ellos. Peter haló primero a Allison y me dijo:

«Ella es Allison, la Creadora». La rodeó con su brazo derecho por el cuello y besó su sien.

Cuando la voz de Allison entró a mis oídos fue como si me ataran a ella con una soga. No pregunté en ese momento qué significaba: “La Creadora”, estaba encandilado por el flash de la belleza de Allison.

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