Tepuyes, Navidad y Amor.

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Monte Roraima, Venezuela. Foto: Wikimedia.org

La ciudad fronteriza entre Venezuela y Brasil era una parada obligada para la pareja de enamorados que vacacionaba en el Parque Nacional Canaima. Se habían quedado sin agua potable y algunas provisiones imprescindibles para seguir la aventura por los deslumbrantes paisajes de la sabana venezolana, además necesitaban un hotel en el cual pasar la noche. Su automóvil 4×4 parecía un diminuto punto negro atravesando aquel anchuroso “mar verde” compuesto de extensas planicies interrumpidas por numerosas lomas, bosques y valles encajonados, que tan solo son una antesala a las impactantes montañas con forma tubular y cumbres planas llamadas Tepuyes, tan imponentes… alzados hasta las nubes, en donde éstas los arropan con sus cariñosos abrazos.

Un letrero les advirtió que se acercaban al punto de control militar ubicado a cinco minutos antes de la ciudad a la que se dirigían. De inmediato observaron una fila de vehículos 4×4 y camiones de carga aparcados a unos escasos metros de la alcabala. Un par de soldados se hallaban atravesados en el centro de los canales viales, y otros tres se encontraban frente a una caseta ubicada a un lado de la carretera. Uno de ellos les hizo una señal de “alto” con la mano. La situación parecía tensa. Los rostros de los militares no era la típica cara sin expresión sino que mantenían un destello de ansiedad.

Lo que ignoraba la pareja era que aquella ciudad no era el paraíso que buscaban, sino que se destacaba por ser el epicentro del tráfico ilegal de gasolina, oro y droga más grande del sur este de Venezuela.

—Buenos días. El paso hacia la ciudad está cerrado  —pronunció el soldado dejando expectante a la pareja con un silencio que les pareció eterno.
—Pero, ¿Cuánto tiempo lo tardarán en abrir?—preguntó el chico.
—Esa información es confidencial. Lo que les puedo asegurar es que no será el día de hoy.
—Pero, ¿podemos saber qué sucede? No tenemos comida ni agua y por eso íbamos allí —explicó ella alarmada —. Lo peor es que tampoco tenemos dinero en efectivo para comprar alguna de estas cosas en la Gran Sabana.
—No puedo ayudarlos. Hagan el favor de dar la vuelta —ordenó notando la emergencia de la pareja y, les aconsejó que lo mejor que podían hacer era interrumpir su viaje y regresar a casa.

Las palabras del soldado los dejo cabizbajos, y después de dar el giro y alejarse de la alcabala estaban de nuevo en la carretera del parque conduciendo a baja velocidad mientras pensaban en cómo salir del aprieto. Al siguiente día sería Navidad, y su sueño de pasar los últimos días del año en aquel increíble lugar descrito por Conan Doyle como el mundo perdido estaba en peligro.

Después de algunos kilómetros recorridos discutiendo diversas ideas, la pareja se detuvo a la orilla de la vía desde la que se podía apreciar un herbazal de morichales junto a un angosto curso de agua que se alargaba hasta perderse entre la sabana. El sol caía y una brisa serena mecía la copa de los morichales.

El joven tomó su GPS y se percató que había un campamento muy próximo a ellos en el que era probable encontrar espacio para pasar la noche. El sitio estaba a unos cinco kilómetros, desviándose por una carretera de arena y transitando veinte km a través de ella. En teoría allí había un caudaloso río en el que se les ocurrió podrían pescar, bañarse, colocar la tienda y pasar la noche. Pero si no era así, ya seria muy de noche para mirar otros sitios.

La carretera de arena era pedregosa en ciertos tramos, no se podía andar tan rápido y el vehículo dejaba una nube de polvo a su paso. Luego de diez minutos de recorrido el atardecer era un espectáculo nunca antes visto por ellos. Tenían de frente al tepuy más alto del Parque: El Roraima. Su pared de roca vertical estaba alumbrada en la cima por el efecto naranja de los rayos del sol y, aunque el Roraima se encontraba a unos ochenta kilómetros de distancia de ellos, sus casi tres mil metros de altitud hacían imposible quitarle la mirada.

Minutos después comenzaron a ver un río de buen grosor para pescar, y unas cabañas con techo de paja agrupadas a la orilla de aquellas aguas oscuras y corriente tranquila, pero el lugar estaba vacío.

La noche se acercaba por lo que el joven se dio un recorrido apresurado por todo el sitio observando que estaba rodeado de una planicie llena de verdor que terminaba con el majestuoso monte Roraima, así que le propuso a  ella quedarse allí y luego de una seguidilla de dulces besos, instalaron su tienda en un santiamén.

Al anochecer el viento invernal los obligó a abrigarse y darse calor mutuo.

La silueta del Roraima se delineaba acentuadamente bajo el rocío de la luz de la luna llena y de incontables estrellas que parecían tener fiesta esa noche. Tanto así que ninguno de los dos echó en falta la luz eléctrica.

Siempre disfrutaban de las cosas que hacían juntos hasta de las que para algunos serían “pequeñeces”. Cenaron entre risas lo poco que tenían: pan untado con crema de queso cheddar y yogourt líquido.

Al día siguiente era nochebuena, y con el amanecer tenían la opción de volver a mirar si la ciudad estaba abierta y comprar así comida navideña, dulces típicos, vinotinto y hasta una ducha caliente que les vendría muy bien, pero les pareció inaudito irse de aquel paraíso por cosas tan banales; se quedaron, y tuvieron una cena de navidad muy especial. Él, tras una lucha gratificante en el río pescó un bagre cola roja lo suficientemente gordo para los dos. Ella, preparó una mesa con flores autóctonas de la sabana la cual instaló frente a la tienda. Aquella noche vieron muchas estrellas fugaces caer y compartieron un momento inolvidable lleno de hermosos deseos para su futuro juntos.

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Planicies, lomas y bosques que forman parte de los paisajes de la Gran Sabana venezolana.

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Tepuyes, Parque Nacional Canaima, Venezuela.

 

 

2 comments on “Tepuyes, Navidad y Amor.”

  1. Mi vida, me has hecho disfrutar muchísimo con este relato y emocionarme!!! Al leerlo uno se siente parte de la Gran Sabana y casi puedes tocar con las manos el Roraima. Un relato de amor, con mucho romanticismo y aventura que te mantiene en tensión hasta saber cuál es el final que les espera a esa pareja, que todo hay que decirlo….tiene mucho, pero que mucho de nosotros….jajajaja Nunca disfruté tanto un relato como éste. Enhorabuena cariño.

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