Treinta Días Muriendo (PARTE 4)

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Mientras la luz roja amontonaba junto a la primera franja del paso peatonal a unas 12 personas, impacientes por llegar a sus hogares para la hora de la cena en familia. Nina recordó en un centellazo la razón por la que se había metido en este pozo de aguas turbias.

Una semana antes, había ingresado al hospital con un dolor punzante en el estómago. Miraba el blanco techo, encandilada por las luces del pasillo, mientras un par de enfermeros la llevaban tendida sobre la camilla hacia la sala de emergencias. Abría y cerraba los ojos como en cámara lenta. No sentía sus manos y el dolor se irradiaba hacia su columna. Entumecida, desubicada. Acaba reaccionar luego del desmayo que había sufrido mientras se encontraba en una pequeña reunión en la casa de su amiga y compañera de trabajo, Julia. Había bebido varios tragos de Vodka, a pesar de tenerlos prohibidos, y se le veía entusiasmada en medio del karaoke con unos alocados pasos de baile.

Después de un sin fin de exámenes, tomografías y pruebas médicas, Nina tenía fuertes sospechas de lo que podría estar pasando con respecto a su salud, pero no se sentía asustada.

Unas 18 horas pasaron mientras le realizaban todas las evaluaciones, y fue entonces cuando el oncólogo la arrojó la oscuridad, sin contemplaciones, al menos así lo sintió ella, quien permanecía recostada en la cama del tétrico hospital, aún con las venas pinchadas recibiendo analgésicos para el control de un dolor visceral del que ya iban a conocer el motivo; Carlos en pie a su lado, parecía un cadáver, con la boca entreabierta y la mirada perdida mientras el médico solo soltabas malas ondas.

—Nina el cáncer ha reaparecido, en tu hígado con un crecimiento rápido de dos tumores. Estamos hablando de un cáncer en etapa IV. Lo que hace más difícil tu sanación. Lamentablemente no hay muchas expectativas. Podemos usar la quimioterapia para mejorar tu calidad de vida, pero es tu decisión. Una quimioterapia dirigida a todo el cuerpo. Bastante agresiva que… —. No había terminado cuando Nina lo asaltó con preguntas.

—Doctor ¿Intenta decir que me estoy muriendo?

Carlos se enterró en un asiento de cuero negro que estaba junto a la cama, cubriéndose la boca con ambas manos.

—Bueno Nina…

—¿Cuánto de tiempo me queda sin tratamiento?—dijo secamente.

—Es difícil establecer un tiempo justo, pero 3 a 5 meses tal vez.

—¿Y con tratamiento?

—12 meses.

—Bien doctor. Voy a pensar mi decisión. Sí voy a morir de una u otra forma, entonces voy a pensarlo.

Tan solo un año atrás Nina había salido victoriosa de una mastectomía para extirpar un tumor cancerígeno de su seno izquierdo, y ahora su enemigo había vuelto para tomar venganza. Y venía dispuesto a arrebatarle la vida.

Se sentía como un escarabajo moribundo, al que de un momento a otro le caerían las hormigas para agujerarle el tórax, succionar sus órganos y el líquido circulatorio de su blando e indefenso cuerpo.

 


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